María Rosa Jijón // Roma
La ruta del euro es hoy, más que
nunca, un ensayo actual y pertinente que nos habla de la
movilidad humana, de la crisis estructural familiar que
resulta de la migración y la crisis socio económica que está
afectando a todo el“norte rico”, lugar de los
tradicionales países de acogida, y destino de tantos compatriotas.
La España de la riqueza, de las
oportunidades, de la realización de sueños ya no existe.
Desde la decadencia económica y política que se vive en
todo el llamado primer mundo, hasta las movilizaciones
mundiales que se iniciaron en el norte de África con
la primavera árabe y luego siguieron en la Puerta del
Sol en Madrid y el movimiento Occupy, las relaciones
económicas a nivel mundial han ido transformándose.
En medio de toda la confusión, también
el movimiento emigrante ha hecho sus
reivindicaciones, organizándose por fuera de los gobiernos y de las
asociaciones de asistencia y hablando con voz propia
desde diversas plataformas transnacionales. Muchas de
estas voces han sido representadas desde lugares
comunes y análisis sociológicos e históricos,
dejando como resultado estadísticas y datos que no retratan
las vidas y entornos de los propios migrantes.
El 18 de diciembre del 2012 se llevó a cabo una
jornada mundial por los derechos de los trabajadores migrantes y sus familias, promovida por una red
internacional de organizaciones de base que, desde
Madrid hasta Dakar, se habían dado cita previamente en foros sociales temáticos y mundiales. Esta
fecha coincidió con la presentación de la muestra La ruta
del euro en el Centro de Arte Contemporáneo de Quito.
El ejercicio propuesto por los
fotógrafos Iván Garcés y Paco Salazar arroja una mirada
trasversal a la condición de migrar, ese camino difícil y
silencioso que ha transformado la sociedad ecuatoriana y
la ha enfrentado a una serie de intercambios
emocionales y culturales que pocas veces tenemos la oportunidad
de ver. Desde un barrio obrero de Madrid hasta un
barrio marginaldel Quito metropolitano, estos dos
artistas decidieron ponerse ellos mismos en juego y entrar
en las vidas de una familia separada por la distancia
geográfica, pero unida por un hilo delgado llamado
esperanza.
El aporte de Garcés y Salazar, en este
caso, transforma al fotógrafo en un mediador que va
más allá del simple productor de imágenes y lo
convierte en un salvoconducto portador de historias
íntimas que, al ser narradas desde las dos orillas de
este viaje, se convierten en paradigmas de otras tantas
historias.
Garcés entra en contacto consigo
mismo, en su condición de migrante y extranjero, y se
retrata en el rostro de una mujer anónima que adquiere
nombre y apellido, y que es tantas otras mujeres y hombres
ecuatorianos. Salazar explora, busca la familia de
origen, aquella que espera noticias y llamadas telefónicas
cortas e intensas, que espera la llegada del fin de mes
para resolver sus urgencias. Los dos se embeben de la
cotidianidad de esta familia, se enteran en primera
persona de los logros y aspiraciones a ambos lados y nos
regalan imágenes simples, sin pretensiones ni
embellecimientos superfluos. Pero hablan también de un país
que ha perdido a cientos de miles de sus ciudadanos
cuyos derechos han sido negados en uno y otro territorio.
Dar vueltas por La ruta del euro es
entrar un poquito en todo esto que nos ha pasado durante
más de diez años, que nos ha despojado de una idea
de pertenencia e identidad y nos ha obligado a vernos
como ecuatorianos de exportación, como los
inmigrantes.
Los dispositivos utilizados en el
montaje de la exposición, y que complementan la
fotografía, dan cuenta además de las fronteras extendidas,
que permiten el paso indiscriminado de mercadería y
recursos financieros e impiden la libre circulación
de seres humanos. Fronteras construidas en las sedes de
decisiones que alimentan un mercado de trabajo
clandestino y mal remunerado, en donde el trabajador
migrante es un sujeto vulnerable o un productor de
recursos para el desarrollo, según la mirada que se
quiera adoptar.
Si bien La ruta del euro es un ensayo
fotográfico, es también un trabajo complejo lleno de
contenidos políticos, que invita al espectador a
una reflexión sobre las relaciones de poder, los prejuicios
y la configuración de las nuevas familias
transnacionales. La misma inauguración de la muestra fue un
ejemplo de ello, cuando Iván Garcés, imposibilitado de venir a Quito, se conectó vía telemática con el
público de la muestra y con su propia familia.
Este es el nuevo tejido social de
nuestro país y se espera que más trabajos simbólicos se
sigan produciendo para narrar en primera persona, y con
la madurez de esta muestra, cómo nos vamos
adentrando en las sociedades del nuevo milenio,
interculturales, liminales,desplazadas, recompuestas.
Catálogo la
Ruta del Euro
Fotografías de Iván
Garcés y Paco Salazar
