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Tuesday, June 2, 2009

Ronny_ Publicado En el Diario El Telégrafo_Ecuador

Ronny
Mauro Cerbino

mcerbino@telegrafo.com.ec

Es un muchacho como muchos. Está vestido con una camiseta estampada, gorra y pantalón corto. Con un grupo de Latin Kings pasamos a recogerle por el centro de Guayaquil en donde trabaja. Nos conduce hacia su casa. Vive en uno de los Guasmos, en el sur, muy cerca del “callejón de la muerte”. Nos comenta que ya no hace caso a estas historias del barrio, que a él no le pasa nada, está en lo suyo, le respetan. Con todo, nos recomienda guardar el auto en el estacionamiento de su casa. Por el barrio no se observan autos estacionados en la calle. Llueve a cántaros, todo, a nuestro alrededor está inundado.
“Escuchamos una pieza que se llama “Grito de guerra”, a todo volumen, como tiene que ser”

Cuando cierra la puerta atrás nuestro, nos metemos a un cuartucho y de ahí a otro. Es un estudio de grabación. Ronny nos pide que aguardemos unos minutos porque se tiene que cambiar de ropa. Vuelve con un pantalón de pana, una camisa con chaleco y una chompa de cuero. En el estudio, no obstante el aire acondicionado, el calor es muy fuerte. Sin embargo, ningún grado de temperatura condiciona a Ronny en la selección de su vestimenta. El estudio está completamente revestido con espumaflex, y se divide en dos partes por medio de un vidrio. De un lado está el micrófono, por el otro los aparatos de grabación, de tecnología de punta y de las mejores marcas. Ronny hecha a andar unas pistas sobre las que había trabajado, de las que envió a la Yoni. Los artistas, panas de allá, se han quedado asombrados por el trabajo laborioso y meticuloso que Ronny ha realizado. Ahí en los Estados Unidos, estas cosas ya no se pueden hacer, son muy costosas. Escuchamos una pieza que se llama “Grito de guerra” a todo volumen, como tiene que ser. Grito de guerra es un llamado a la paz en las calles, a hacer un alto a la indiferencia de la sociedad, es un grito por llamar la atención de aquellos que creen que los jóvenes que crecen en la calle escogieron la violencia.

La música es la vida de Ronny, lo que hay afuera, afuera se queda. Él, que no pertenece a ninguna organización juvenil de la calle, acolita a muchos muchachos que quieren hacer música. Es su manera de participar. Es lo mejor que les puede ofrecer y se ha hecho un nombre y una vida alrededor de la música. Esa tarde supimos que en el barrio más difícil de Guayaquil la música pudo hacer que doce personas muy diversas encontremos algo que compartir.

Los jóvenes quieren hacer música. Por qué parece tan difícil entender que es algo tan importante como la educación formal, porque tiene sentido para ellos y porque desactiva otras prácticas como la violencia. El ejemplo de Ronny debería inspirarnos a pensar no en el éxito personal (como muchas veces intentan hacer los periodistas que hacen historias de vida que confunden la moral y la farándula con las necesidades de reconstrucción del lazo social y generacional) o en que hay jóvenes buenos y otros malos (como han hacen muchos policías y maestros), sino en las posibilidades abiertas para los jóvenes por la música. Trabajemos juntos para que puedan implementarse estudios de grabación y otras bellas “parafernalias” en los barrios, gestionados por los jóvenes, como Ronny.